“Debía ser por tanto en 1968. Y desde el primer día estuve con Eliseo”

 

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Juan Ignacio Sampedro   -  05 / 12 / 05

Su hijo Iñigo, de 14 años, ha cambiado el baloncesto por el atletismo y ha empezado a entrenar con Iñaki Martínez.  Precisamente, en la cafetería de Artunduaga, en Basauri, fue nuestro reencuentro. Llevábamos más de veinte años sin saber cada uno de la vida del otro.

 

            Nos ha costado centrarnos en lo que debiera ser una entrevista habitual. Gerardo casi hacía más preguntas que yo. Para rematarlo el fotógrafo también intervenía a menudo.  Él había facilitado la cita y siente gran admiración por Gerardo. Suyas son algunas de las excelentes fotografías en blanco y negro que Gerardo ha puesto sobre la mesa. Logramos terminar, a tiempo de hacer unas fotos de padre e hijo, a pie de pista.

“Mi mujer hubiera necesitado un poco más de apoyo familiar. Salto 5,65 y 1,70 con diez y seis años y  poco más de uno de entrenamientos. De no haberme cruzado yo en su camino, hubiera ido becada a Madrid y tal vez hubiera subido mucho. Pero, así fueron las cosas. Aquí su trabajo no le permitía entrenar y lo dejó siendo prácticamente una niña”
 Casado con la mejor atleta vizcaína de su generación, María José López de Sabando, han tenido dos hijos. La chica tiene diez y seis años y el chaval catorce

Yo he visto en acción a Gerardo Calleja y Álvaro Iglesias. Ambos tuvieron una trayectoria truncada en este deporte. El primero, por las carencias médicas de la época que le tocó en suerte y el de Santurtzi porque el fútbol le prometía mejores condiciones económicas que el atletismo.

 

            ¿Comparar marcas manuales y eléctricas?  La consideración habitual para las carreras en recta son 24 centésimas de segundo a añadir a la marca manual. Yo dejaría ambas como un aliciente para quienes empiezan. Y que quien borre esos dos nombres sea alguien que de verdad se lo merezca.

“A mí me han robado el record de Bizkaia. Yo creo que 14.0 es mejor que 14.30 eléctricos. ¿No crees? No se por qué me tienen que quitar de la tabla de records”

Y así en el umbral de los ochenta se nos fue del atletismo uno de los mejores que hemos tenido. Simplemente porque los servicios médicos no daban la talla en la recuperación de deportistas.

 

            Treinta años más tarde, ese 14.0 aparece en algunas tablas de records de Bizkaia. No siempre.

Yo aprobé unas oposiciones en Correos y Telégrafos, que me suponían un empleo estable, y lo dejé porque me ofrecían horarios “raros”, hoy de mañana, la semana que viene de noche... que no me permitían centrarme en el atletismo. Tuve otro empleo más antes de entrar en lo que ahora es el BBVA, donde he estado prácticamente toda mi vida laboral.  Pero a mí no me retiró el trabajo, sino el hecho de que los médicos, y fui a algunos de muchísimo prestigio, aquí y en Madrid, no lograran encontrar la razón de que yo fuera incapaz de terminar los entrenamientos”

 

            Aunque seguía haciendo buenos resultados, se arrastraba por la pista como alma en pena. Algunos médicos llegaron a decirle que los problemas estaban, únicamente,  en su cabeza. “Si, si, en mi cabeza. Después de muchas vueltas, admitieron que era ferropenia. Ellos sostenían que no tenía importancia. Que eran índices normales. Pero eran normales para andar por la calle. No para hacer atletismo de alto nivel”

 

            ¿La razón de todo ello? “Yo supongo que residía en el exceso de competiciones en los años anteriores. No había mucha gente y se me amontonaban las llamadas tanto en junior como en mayores”

Y es justamente en el 73 cuando Gerardo Calleja es campeón de España absoluto. Fue en Vallehermoso,  tenía 19 años y marcó 14.4, igualando su propio record de Bizkaia.

 

            Pese a mejorar año tras año, se encuentra con rivales muy duros que le impiden subir a lo más alto del cajón en competiciones al aire libre, aunque ganó el título de p.c. en 1975. “Recuerdo sobre todo a Trianes, Cano, Zapata...”  Con esa dura competencia logra ser internacional en seis ocasiones.

 

            Una de las ideas equivocadas que yo tenía sobre Gerardo es que hubo de dejar la práctica atlética por el trabajo. Él me saca del error.

 “Volví a casa  y pude empezar a entrenar en Junio de 1972. Pero ya pensando en la temporada siguiente”
Aquello era entonces un páramo, en el sentido literal y en lo que respecta a atletismo. Y ahí se nos fue una temporada vestida de caqui y marcando el uno-dos, uno-dos.

Mi marca oficial de velocidad es 11.0 en 100. Yo estoy seguro que valía menos. Pero, cuando estaba en mejor forma tenía que centrarme en las vallas”

 

            Estuvo en la preselección para los Juegos de Munich 1972. “Me consideraron pre-olímpico. Estaba en la mili, en Araca. Me iban a inscribir en el equipo del Ministerio del Ejercito y me traían a Zorroza. Pero un cabo furriel me quitó de la lista, supongo que para meter a algún amigo suyo, y  acabé en Burgos”.

La solución estaba en depurar la técnica y tirar de la rodilla y tobillo atrasados  hacia arriba. Cientos miles de repeticiones. Horas interminables sobre la ceniza de San Ignacio. Sin ser un velocista destacado, sus valores en vallas son excelentes. Para hoy en día quisiéramos tener otro Gerardo Calleja vestido de corto.
Para mitigar el efecto de los golpes en el tobillo probó de todo. Envolver en goma-espuma la madera de las vallas, protegerse el propio tobillo. “Yo mismo me preparé una especie de escudo con una chapita, foam y skay. Me libraba del primer golpe, pero en seguida se soltaba”
“ Si es que era imposible que no arrastraras la pierna. Fíjate la huella que dejaba en el último apoyo sobre la ceniza. Una diferencia abismal con el tartán.
Queda dicho que hubo de centrarse en las vallas altas. Uno de los recuerdos más vivos que tiene en su retina el entrevistador es a Gerardo lamiendo las vallas, envolviéndolas, haciéndose sangre a menudo en los tobillos. Mientras charlamos están sobre la mesa numerosas fotografía de aquellos años.
“Además de los saltos, las vallas y la jabalina, llegaba a doce metros en peso. Y eso que yo no era especialmente fuerte. En press de banca no pasaba de 75 kg. Siempre he tenido unos bracitos muy delgados”

Vista su polivalencia era obligado preguntarle si alguna vez se sintió tentado por el decatlon. “Claro que sí. En 1975 gané el Campeonato vasconavarro, único que se ha celebrado”

            Y es que a partir de entonces pasó a ser Campeonato de Euskadi. Fue en Anoeta y Gerardo  completó 6.160 puntos.

  Pero seguía sin decidirse definitivamente por las vallas: “En categorías infantil y juvenil llegué a tener siete records de España. En 80 v, altura, 300 v. jabalina...

Recuerdo muy bien que el responsable de juniors de la Federación Española me decía con sorna: Termina de lanzar 60 m., chaval, para que te puedas llevar una Held a San Ignacio.”

Y así, jugando, iban cayendo records de 110. Veinte veces igualó la mejor marca de Bizkaia. Desde el 15.2 de 1971, hasta el 14.0 del 24 de Julio de 1974, en Salamanca, que sigue siendo el record de Bizkaia manual.
 “Una vez estaba en un Campeonato de España en Anoeta, compitiendo simultáneamente en jabalina y vallas.  En medio de cada uno de los cinco primeros lanzamientos, me iba a colocar los tacos en el 110, calentar, hacer salidas y pasar dos o tres vallas. Después del quinto lanzamiento, y yendo primero en la competición, hube de concentrarme en las vallas. Al final de la carrera supe que en la sexta ronda me habían pasado un catalán y un madrileño. Como soy bastante malo para los nombres, no te puedo decir quienes eran”

            Venía con otro amigo de su barrio de Altamira, Jesús Hernández Casas. Otro talento excepcional, que ganó un Campeonato de Bizkaia de 110 v. (en 1972 y en ausencia de Gerardo) pero a quien Payás encaminó al lanzamiento de martillo. Por sus destacadas capacidades para esta prueba fue becado en la Residencia Blume de Barcelona y ya no volvió. Falleció a los 25 años en circunstancias que nunca fueron suficientemente explicadas.

 

            Gerardo nunca salió de Bizkaia, salvo para la mili, como luego veremos. Aquí fue haciéndose un gran atleta. Al principio probaba de todo, el salto de altura, las vallas, la jabalina. Era el método Payás, formación multidisciplinar y, cuando terminaban de crecer, todos los huevos al mismo cesto. Pero, por expresarlo de una manera gráfica, nunca dos huevos del mismo tipo de ave.

 

            Jesús hacía de todo. Destacó en triple y, como he dicho antes, en vallas. Pero fue encaminado al martillo. Ramón se dedico inicialmente al 110 v., hasta que Gerardo, un año más joven que él, iba quitándole todas las marcas. La solución Payás: Ramón Ávila subiría a 400 v.

 

            Gerardo adoraba el lanzamiento de jabalina. Aún cuando ya era alguien en 110, seguía frecuentando  el pasillo de lanzar.

bajaba algo en las grandes citas, pero lograba las mejores marcas del año en cualquier prueba de control. Luis Sarría, uno de los grandes velocistas españoles de todas las épocas, que firmó en 1974 la mejor temporada de su vida, justo en la que entrenó con Payas.

 

            Para completar el panel, con Eliseo aprendieron como atletas gran parte de lo siguen transmitiendo como técnicos José Antonio García Feijoo y Javier Sobera.

 

            Asombroso por el número de atletas de gran talento pero, ante todo, por la diversidad de disciplinas.

 

            Gerardo Calleja Sanchoyerto pisó por primera vez una pista de atletismo con catorce años.

La base del Atletismo  son los Entrenadores. Allá donde veamos un núcleo consistente de atletas, siempre encontraremos detrás un trabajo serio y a conciencia de un Entrenador o una Entrenadora. Deliberadamente escrito  así, con mayúsculas. Las más de las veces será, también, un trabajo anónimo y, por desgracia, no siempre agradecido.

 

            La época más gloriosa del Atletismo vizcaíno se debió a la presencia a borde de pista de estupendos técnicos: Alberto Díez, Jesús Mari Martínez , José Luis Celaya y quien forjó al protagonista de esta semblanza, Eliseo Martínez Payás.

 

            Visto desde la perspectiva de los treinta años transcurridos, puedo afirmar que Eliseo fue el primer entrenador profesional que hemos visto aquí.

Con una formación muy científica, había dejado sus estudios de Física a media carrera, y una rigurosidad extrema en sus procedimientos, con él llegó una nueva manera de entrenar. Aparte de su trabajo como profesor de EF en el Colegio de los Maristas de Iturribide, parecía capaz de alcanzar días de treinta horas con su dedicación al grupo que tenía en San Ignacio.

 

            Y aquel grupo no era precisamente una minucia:

Dos vallistas, uno de 110 y otro de 400, Gerardo Calleja y Ramón Ávila, que ganaron sendos Campeonatos de España. Un lanzador de Disco, habitual sobre los 50 m., Prudencio Uriondo, que, desgraciadamente,

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